lunes, junio 02, 2003

INVENTARIO

Pues aquí estoy, casi dos meses después. Sigo vivo, que no es poco.
Mamma mía, vaya dos mesecitos que he pasado. Han sucedido tantas y tantas cosas... la gran mayoría malas, por cierto. Pero también ha habido momentos de felicidad como nunca antes había vivido.

En estos dos meses he aprendido a odiar y a amar, a ayudar y a dejar que me ayuden. He redescubierto que mi padre es un tío cojonudo, y que Madrid, como decía Sabina, es una ciudad invivible pero insustituible, pero más de lo segundo que de lo primero. He sido consciente de que puedo hacer hacer mucho daño y mucho bien de una forma totalmente inconsciente, y a librarme de la culpa que genera lo primero y a empezar a premiarme cuando consigo lo segundo.

He aprendido a luchar por lo que es mío, a dejarme llevar por la corriente, a nadar contra ella cuando es necesario, y a saber a diferencia qué gente es la mía de la que no lo es. He descubierto que puedes llegar a querer entrañablemente a una persona después de sólo unos minutos de conversación. He aprendido que lo que hago puede servir para algo bueno, y que mis manos se mueren por acariciar y por hacer cosas bonitas, y que se les dan bien ambas cosas; que los besos sin amor no saben igual que los besos que te da una persona que te ama; que realmente he tenido que hacer algo muy bueno en una vida anterior para poder conocer en esta a esas pocas (muy pocas) personas por las que daría la vida entera.

He aprendido que hacer ejercicio es bueno para la mente y para el cuerpo, que las agujetas se acaban pasando, que aun conservo el corazón y la energía de aquel niño que era el más rápido de la clase y que saltaba más alto que nadie cuando jugaba al baloncesto. Que mis brazos aguantan mi peso en el aire y en el agua y que mi cuerpo se merece que lo cuide un poco. He aprendido que para algunas mujeres el pelo en el pecho resulta sexy. He descubierto que cada vez tengo menos pelo en la cabeza, pero que llevar el pelo largo me gusta.

He aprendido que del amor al odio hay un paso, pero que ese amor que muta tan deprisa tiene más de necesidad que de amor. Que la miel y la hiel se diferencia en sólo una letra, y a veces aun menos. Gracias Sofía, por darme tu amor y tu odio, tan puros ambos. Te deseo lo mejor de todo corazón.

Por último he aprendido que tenía miedo de enamorarme y miedo de que alguien se enamorase de mí. Intenté solucionarlo directamente dejando de besar y de acariciar (durante cerca de tres meses)... pero estaba equivocado. Qué dulce resulta vencer la tentación sucumbiendo de lleno en sus brazos, qué feliz me siento ahora que sé que puedo amar. Gracias Irene... mil veces gracias. Te amo.

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